viernes, 13 de marzo de 2020

Amores negados, libro de cuentos de Amelia Bartozzi


AMELIA BARTOZZI, en el mes de marzo de este año, publicó en la colección Letras del maíz, de nuestro sello editor, su primera obra, la colección de cuentos Amores Negados.

  
La escritora Alicia Digón, acompañó la publicación con las siguientes palabras para la contratapa del libro:


      "¿Quién se atreve a negar un mundo cuando se introduce en los textos de Amelia Bartozzi?
     Hay un camino donde se recorre, justamente, un universo particularísimo, y un despliegue, por momentos, desopilante, con el lenguaje justo para sorprender.
     En instantes, nos encontramos en un espacio desopilante como en “El Camafeo”, donde no se sabe hasta qué punto es un relato de ciencia ficción o el resultado de un sueño.
     O bien vamos deslizándonos en el relato “El Encuentro” hasta quedar desencontrados con la sorpresa de un final que, si bien no es inesperado a la clásica, nos sorprende con una trama lisa y, de repente, nos arroja a un vacío perfecto.
     ¿Quién se abre el saco para mostrar “Love me”? En estas narraciones, lo desopilante aparece como un hecho natural.
     Uno no puede negarse a estos mundos y a estos amores.
     Adelante con este primer volumen de cuentos y relatos que no solo promete, sino que cumple con una premisa de fuego: la narración; lo narrado como un hecho mínimo contado con maestría."


A continuación, uno de los cuentos que integran el volumen para conocer a la autora:



El Seductor

     De joven, mi hermano Enrique era muy mujeriego. Era de esos tipos por las que todas las mujeres mueren. Tan guapo, sensual y encantador; tan amable, respetuoso y cariñoso al principio de la relación. Y con unos ojazos azules y esa sonrisa compradora. Un verdadero depredador.
     Yo siempre le decía que se dejara de joder, que empezara a respetar a las mujeres, que yo, su propia hermana, también era mujer, y que, seguramente, no le gustaría que los hombres me hicieran lo mismo que hacía él. Con todas se comportaba igual. A todas las enamoraba, las seducía y después las dejaba así nomás, de un día para el otro, sin explicación alguna, sin un llamado, sin un “lo siento”, total… ¿qué le importaba? De todas se cansaba, todas lo aburrían después de la segunda cita —si es que había una segunda. Era un seductor nato.
     ¡Pobres minas! Yo sentía lástima por ellas. Siempre terminaban humilladas, con la autoestima por el piso, con la dignidad aplastada. Algunas eran pasables, finas, delicadas, de buena familia, cultas, pero había otras que eran de lo peor, no sabían ni hablar; vulgares hasta lo imposible. No sé de dónde las sacaba. Lo único que todas tenían en común era su facilidad para enamorarse; todas morían por una mirada, por una sonrisa suya.
     Pero él solo se divertía, jugaba con sus sentimientos. En realidad, nunca les prometía nada. Ellas solas se hacían la película, ellas solitas se entregaban en bandeja. Y él ni fu ni fa con ninguna, salvo con una. Había una que le movía el piso, a la que apreciaba un poco, creo. Se llamaba Leticia. Era una piba petisa y regordeta, con melena enmarañada hasta los hombros, ojos grises chiquitos como de ratón y nariz ganchuda. Era rematadamente fea. No sé qué le había visto mi hermano, pero a ésta parecía que algo la quería, algo nomás, no mucho; tampoco era cosa que no pudiera vivir sin ella.
     “Será inteligente, le hablará de cosas interesantes, o le permitirá cosas que las otras no le permiten, porque por lo linda no debe ser”, pensaba yo.
     Esos misterios incomprensibles de la vida…
     A veces los escuchaba conversar:
     –Te quiero mucho.
     –Mmm… te creería si no hubieras agregado “mucho”.
     –¡Qué jodida que sos! Nunca te viene nada bien.
     –No confío en vos. Yo sí que te quiero.
     –¿Ah sí? ¿Qué harías por mí?
     -Cualquier cosa. Lo que fuera.
     –¿Qué harías por mí si me metieran preso, por ejemplo?
     –Me moriría de tristeza. Saldría a robar para pagarte un abogado que te sacara.
     –¿Y si anduviera con otra mina? ¿Si te dejara?
     –¡Qué cruel sos! ¡Ya sabés cómo soy de celosa!
     Y así andaban siempre…
     Era una extraña relación la que tenían.
     Una noche estrellada de verano nos fuimos todos a bailar a un boliche sobre Libertador, en Olivos; “Bahiano”, se llamaba. Éramos un grupo grande de chicos y chicas del barrio. Pero la Leticia no estaba con nosotros.
     Mi hermano bailaba con una rubia preciosa, parecía modelo. La estábamos pasando bárbaro, bailando enloquecidos al ritmo de “The Final Countdown” cuando de repente, sin ningún aviso previo, apareció la Leticia. Tambaleándose, se le fue encima a Enrique con un frasco en la mano que decía “VENENO PARA RATAS”.
     –¡Esto me tomé! –le gritó, poniéndole el frasco a la altura de la cara.
     Mi hermano se quedó con la boca abierta, blanco como una hoja. Ella se dio media vuelta y salió corriendo. Enrique repetía:
     –¡¿Qué voy a hacer?! ¡¿Qué voy a hacer?! ¡Está loca! ¡Es una loca! –se agarraba la cabeza con las manos.
     Mientras tanto, la Leticia, por la calle, se andaba muriendo.
     Enrique lloraba como un chico. Anduvo toda la noche buscándola en los hospitales, en las comisarías, en su casa. Dos días después seguía sin aparecer. Al tercer día nos enteramos que estaba en la Morgue. No queríamos creer que fuera la Leticia. Pero sí. Era ella.
     Enrique nunca más volvió a ser el mismo. No le quedaron más ganas de jugar con las mujeres.
     Siempre me pareció demasiado duro su castigo.


    


domingo, 12 de mayo de 2013

Concreto en flor Un libro de Maximiliano Daponte


Este primer libro de Maximiliano Daponte salió para fines del año 2012 en la colección "El barco ebrio", de nuestro sello. Una edición cuidada en todos los aspectos, desde la lírica a lo estético de la misma. Un buen inicio para conocer un nuevo poeta argentino.

Va el prólogo y una selección de poemas que integran el volumen:




Prólogo

Escribir es para mí un acto de habitual y espontánea sencillez. Publicar ocurre muy poco, y en un proceso de inevitable y sistemática persistencia. Considero más fácil la creación de una obra literaria que su publicación. Será que en el acto de publicar el otro está, pero no deja de faltar, mientras que escribiendo nos conformamos sencillamente con estar solos.
La poesía no impresa creo que está en todos y en todo, la poesía en el papel implica un plus poético: ¿por qué alguien se esforzaría para que otros conozcan sus versos? Se sabe que la poesía no es la vedette de los tiempos que corren, pero se sabe también que porta como colgantes un par de perlas que la muestran como clásica. La poesía no va a morir. Eso quizás explique la publicación de un poemario.
Por mi parte, creo que publico, porque siento que los poemas mismos deciden salir a la calle, a enfrentarse con los libros de la era digital, los de la aburrida academia, los de autoayuda, los de marketing…   
Los poemas que están en este libro los escribí hace un par de años y sobrevivieron en mis vivencias, en mi memoria, no dejan de ser lo que hoy soy.
Los temas que unen a estos poemas son evidentes y reiterados: lo circular, la calle, la lluvia, la literatura, la verdad, el tiempo. Intenté no modificar mucho las versiones originales.

I

Ignoraron
que al poeta
se le negaba
la palabra “poeta”
y que a cualquier frívolo
la televisión
lo llamaba “artista”.
Ignoraron
al filósofo y utilizaron,
tiempo después,
sus teorías,
justificando matanzas.
Ignoraron
al pensador, que pensaba
para el bien de otros
y oyeron al charlatán
que creyó que las palabras
no eran cosa seria.
Ignoraron así
al soñador,
al esperanzado,
al virtuoso
y siguieron construyendo,
con jovial indiferencia,
eso que ellos llaman
“mundo”.


IV
  
Te veo y ni falta hace que cierre los ojos,
porque te siento alegre, firme, apacible, linda.
Te veo entre otras casas coloridas de un barrio tranquilo.
Te escucho a la noche conversar con tus compañeras,
que sorprendidas abren sus bocas de ventana iluminada
y miran con ojos de bueyes en los picos más altos.

Veo a veces como se enojan y fruncen el ceño
con esas cornisas anteriores a los barrotes que cubren las terrazas.
O las veo llorar llantos verdes, colgados de sus macetas.

Algunas, para disimular paredes de viejas melancolías,
se cubren con azulejos azules o imágenes de la virgen.
Otras, furiosas, se tatúan formas irregulares de gárgolas
y las más pobres, sin la pintura adecuada ni arreglos,
prefieren ser pintadas de arlequines – imaginación de los enamorados-.

Los árboles de la vereda toman vino tinto a la noche.
Los escucho conversar.
Además los veo bambolearse, bien temprano a la mañana,
mientras ven a las chicas volver a su casa.

Las baldosas de la vereda, panza arriba,
cansadas ya del maltrato y del hacinamiento,
intentan aflojarse y mojar a algún burócrata en los días de lluvia.

A las paredes les agarra fiebre en verano.
Debe ser porque siempre pasa alguna chica enamorada,
que las acaricia mientras camina a otra casa del barrio.

Las camionetas rugen bocinazos de impotencia
cuando ven un par de piernas deslizarse en la vereda,
así es que las baldosas obtienen su merecida recompensa.




PNL El cielo del minotauro

Introducción a la programación neurolinguística
Alberto Karmona
Colección: Lector in fabula 


Esta obra dedicada a la PNL se abre con una vuelta de tuerca radical al mito que protagoniza el Minotauro, ese monstruo con cuerpo de toro y cabeza humana, que había sido encerrado en el laberinto construido por Dédalo, gracias a las disposiciones de Minos, rey de Creta, para que allí pasase su vida. En la historia que -como prólogo y epílogo- nos plantea Alberto Karmona, Teseo no encuentra ni da muerte al Minotauro. Éste, antes de la llegada del héroe ateniense, a instancias de Poseidón, ha abandonado esa cárcel de indefinidos corredores y estancias a la que ha sido condenado. Y ese abandono es el inicio del reconocimiento en nosotros mismos de nuestra sombra. 




Porque el Minotauro no es otra cosa que un símbolo, el animal primitivo que en la leyenda consagrada es muerto por la mano del héroe, pero que Karmona nos enseña que debe ser abrazado. Y desde el reconocimiento se da un paso hacia “el origen de la actitud crítica y al desvanecimiento de la malevolencia.” En nuestro mundo los laberintos de un solo centro y un solo camino, ya no son posibles. Y la PNL ofrece una diversidad creativa de salidas que enrique­cen, sin duda, nuestra existencia.

Héctor Alvarez Castillo

miércoles, 8 de mayo de 2013

Mitos griegos Un estudio de Gabriel Nevani

Introducción a los dioses olímpicos con equivalencia en el mundo romano


£1 carácter esencial de la religión greco-romana es que no se trata de trascender para en­contrarse con los dioses, se pide que los dioses se manifiesten, participen activamente: un macho cabrio es la manifestación de Dioniso y un árbol de olivo es la de Atenea. Pero también los dioses pueden manifestarse de manera interna, por ejemplo, en forma de «prudencia» (Atenea), «pa­sión sexual» (Afrodita), «liderazgo» o «poder» (Zeus), «valentía guerrera» (Ares), et cetera. Y si dicen por ejemplo «Hefestos no alumbra», quiere decir que no hay fuego. Los griegos no dicen «llueve» o «truena» sino «Zeus llueve» o «Zeus truena». Poseidón no es el dios del mar sino que «es» el mar, ni Afrodita es la diosa del amor: «es» el amor. El hombre griego era realista en muchos puntos que en nuestra actualidad sólo se piensan subjetivamente. Las reglas de conducta y de acción eran para él perfecciones que pertenecían a la economía de la existencia y del mundo y por lo tanto no apelaban a la voluntad y a la obediencia sino a la expe­riencia y a la comprensión. 



Así como los olímpicos revelan al hombre la verdadera nobleza, la grandeza genuina, no por preceptos y enseñanzas, sino por su mero ser sublime, así también abren, por ese ser, las pro­fundidades y secretos del mundo. Los dioses olímpicos estaban presen­tes donde algo sucedía, o tan solo se pensaba o se deseaba, más aún, su participación en todo parece tan grande que a menudo es como si fuesen no sólo fomentadores de las acciones humanas sino sus ejecutantes pro­piamente dichos. E1 griego y el romano devoto amaban a sus dioses y no importaba lo que hicieran de él. Los dioses no eran «personificaciones» sino que abrían la visión a lo esencial y verdadero.


martes, 7 de mayo de 2013

Edén de Humano Tiempo

Un libro de poesía de Oswaldo Roses 

Colección "El barco Ebrio"
Buenos Aires, 2006


Sólo una voz de tus ojos y nada más.
Sólo una voz de tus ojos y nada más.
Ésa que he escuchado en los profundos valles,
en las altas montañas,
ésa que he escuchado
en el relámpago,
en el arco iris,
en el temblor de una rosa,
en el frenesí de una ardilla,
ésa que he escuchado
en el pulso del agua por un arroyo
hacia el mar,
ésa que ha inventado y enseñoreado el ruiseñor,
ésa alegre que te ha llenado tanto el vientre de miel,
ésa amable que te ha abierto la claridad,
la floral noche oculta,
la lenta que te mana el corazón
loco de zafiros y de diamantes.

Sólo una voz de tus ojos
y nada más
Sólo una voz de tus ojos,
¡una!,
porque sea la esperanza como tú,
fascinación de tus ojos…
como tú.

lunes, 29 de abril de 2013

Escritos de Aguijón Un libro de Adrián Alauzis


Adrián Alauzis es profesor de enseñanza media y superior en física, egresado de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Desde el año 1986 publicó más de setecientos juegos de ingenio en medios como La Nación, Descubrir, Página 12, y medios institucionales como los de supermercados Norte, Bayer, American Express, Banco Provincia, y en el periódico El Barrio.

Docente y divulgador científico publicó numerosos artículos en los medios mencionados y en otros Como la revista Ciencia Hoy, y contenidos en Internet.






La primera vez que tuve noticias de Aguijón fue hace cinco años. Me fue presentado a través de un correo electrónico por su creador y ya en su primer encuentro dejó de lado las formalidades. Citando a Séneca, se mostró con pocas pulgas: “Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”. Con el tiempo me di cuenta de que, lejos de ser una pose intelectual, la advertencia había resultado cierta. En sucesivos mensajes el misterioso personaje se ocupó, a la manera de un vengador público, de hacer justicia valiéndose de su punzante lengua. ¿Sus víctimas? Buena parte de la sociedad. Bah, la mayoría de nosotros. Porque Aguijón no elige sólo a los peces gordos –el cliché serían los políticos corruptos– sino también a la gente común que vive en la miseria espiritual y tal vez lo ignora.

Marcelo Benini



 Esta obra integra la Colección Letras del Maíz, de la editorial.

Gerstrauss o el Amor

Los cuentos de este nuevo libro de Alvarez Castillo tienen a la literatura fantástica y al terror como sus vertientes esenciales. La narracción que da nombre al volumen es un claro homenaje a El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. El pacto de un joven con un poder superior le otorga vida y juventud mientras que él no se enamore.
En los textos que el lector tiene en sus manos, el autor juega con ideas y personajes con un estilo siempre respetuoso de la alta literatura, ya demostrado en Metamorfosis, su primer volumen de cuentos, y en el libro de ensayos Camino a Babel.







Este libro fue editado en el año 2009, con apoyo del Fondo Nacional de la Artes, Argentina.